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Enfermedades profesionales de un soldador

7 agosto, 2019

Enfermedades profesionales de un soldador

Conocer las enfermedades profesionales de un soldador es importante si quieren prevenirse o, al menos disminuir, sus efectos a largo plazo. El sector del metal es uno de los más afectados tanto por accidentes laborales como por enfermedades profesionales, especialmente en el caso de las fundiciones de aluminio.

El conocimiento y estudio de estos casos es esencial si queremos proteger a los trabajadores. De hecho, el uso de amianto y uralita fue prohibido precisamente tras describir el gran riesgo cancerígeno que suponía para los trabajadores.

Por lo general, las enfermedades profesionales de un soldador más comunes son las relacionadas con el sistema respiratorio. Esto se debe a que durante su trabajo pueden inhalar sustancias especialmente nocivas para el cuerpo. Del mismo modo, también están expuestos a otros peligros como enfermedades de la piel o hepáticas y renales.

Por otro lado, la inhalación de los humos de soldadura puede producir diferentes daños para la salud de los soldadores. En este punto podemos distinguir tanto las intoxicaciones agudas como crónicas como otros efectos como los sensibilizantes, cancerígenos y teratógenos.

 

Intoxicaciones agudas

Este tipo de daños se corresponden más con accidentes de trabajo que con enfermedades profesionales aunque una repetición prolongada puede acabar causando un daño irreversible y sirven como una alerta ante posibles efectos crónicos.

Definimos a estos efectos como una sobre exposición a una alta concentración de contaminantes durante un corto periodo de tiempo, que para el soldador podría ser una jornada laboral. Se dan en un momento puntual, por eso las diferenciamos de las intoxicaciones crónicas.

Principalmente destacamos tres, que describimos rápidamente:

  1. Inflamación del tracto respiratorio: Puede ser producirse una irritación inmediata en ojos, nariz y garganta o como unas inflamaciones pulmonares (neumonitis) o acumulaciones de líquidos (edemas) en los pulmones de trabajador.
  2. Asfixia química: Se trata de una disminución de la oxigenación de los tejidos por el efecto del monóxido de carbono y de nitrógeno sobre los glóbulos rojos de la sangre. Produce dolor de cabeza, aturdimiento y un malestar general que aumenta según aumenta la dosis inhalada pudiendo incluso provocar la muerte.
  3. Fiebre de los metales: Fuertes temblores y síntomas similares a la gripe que se producen la noche posterior a una intoxicación por humo de metales como el zinc.

 

Efectos crónicos

Estos son los que se producen como consecuencia de un largo periodo de exposición ante sustancias nocivas para la salud. Estos se manifiestan después de muchos años de trabajo, incluso tiempo después de finalizar la vida laboral.

Son fruto de una acumulación progresiva dentro del organismo de estas sustancias perjudiciales y un deterioro progresivo de los órganos afectados.

Son los que comúnmente identificamos con enfermedades profesionales, por lo que los detallaremos con mayor profundidad.

Las partículas presentes en los humos de la soldadura pueden llegar a los pulmones y causar daños crónicos sobre el sistema respiratorio con distinta relevancia.

Pueden ir desde neumoconiosis benignas con algunas sobrecarga pulmonar que, incluso, pueden acabar remitiendo con el tiempo.

Pero, también, pueden causar patologías muy graves como fibrosis pulmonares u otras tipo de enfermedades profesionales bronco pulmonares crónicas como los fluoruros.

La enfermedad profesional más reconocida en el sector del metal es la Silicosis. Esta, se produce por un exceso de inhalación de partículas de sílice que se desprenden al realizar actividades relacionadas con el trabajo del metal como cortar, romper, aplastar, soldar, triturar…

Los primeros síntomas pueden tardar en aparecer hasta 15 o 10 años después de la exposición. Se caracterizan por una dificultad especial para respirar, tos fuerte y debilidad. Cuando esta enfermedad avanza aparece fiebre, pérdida de peso, sudores nocturnos, dolores en el pecho e insuficiencia respiratoria.

Por otro lado, otros metales como el berilio, cadmio, cobre, manganeso o plomo pueden producir efectos crónicos sobre otros órganos. Esto se debe a que se disuelven en la sangre al penetrar en los pulmones y se distribuyen por todo el cuerpo. Pudiendo originar un deterioro progresivo de órganos como el estómago, corazón, riñones, hígado o afectando también a huesos e, incluso, al sistema nervioso.

 

Otros efectos derivados de la actividad profesional del soldador

Como mencionamos anteriormente, además de ante las intoxicaciones agudas y crónicas, los soldadores también corren el riesgo de sufrir otro tipo de riesgos para su salud como los efectos sensibilizantes, cancerígenos o teratógenos. Los describimos a continuación:

  1. Sensibilizantes: Cuando un profesional está expuesto de una forma prolongada o intensa ante una sustancia puede generar una hipersensibilidad hacia la misma. Esto hace que cuando entre en contacto más tarde con ellas, aunque sea de forma mínima, presente unas reacciones adversas muy superiores a las que podrían esperarse. Por ejemplo, un efecto muy reconocible es la aparición de asma.
  2. Cancerígenos: En los humos de soldadura pueden estar presentes sustancias potencialmente cancerígenas. Un ejemplo era el amianto, retirado de este tipo de trabajos por producir cánceres pulmonares.
  3. Teratógenos: En la mayoría de humos de soldadura pueden encontrarse sustancias que pueden perjudicar el correcto desarrollo del feto durante el embarazo como, por ejemplo, el plomo o el monóxido de carbono.
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