Cultura Preventiva

> Qué es la cultura preventiva

Cuando hablamos de cultura preventiva nos referimos al conjunto de actitudes y creencias compartidas por todos los miembros de una empresa u organización sobre la salud, los riesgos, los accidentes, las enfermedades y las medidas preventivas.

El Instituto Andaluz de Prevención de Riesgos Laborales (IAPRL) define la cultura preventiva como “Una forma sostenida y estable de ejercer la gestión y supervisión de la empresa, acorde con los valores de la salud y la seguridad, que genera un clima favorecedor del comportamiento preventivo de todos los individuos de la organización, reconociendo los éxitos y aprendiendo de los errores”.

> Principios de la cultura preventiva

Entre los principios que rigen la cultura preventiva podemos encontrar los siguientes:

  • Atención a las condiciones de trabajo. Las relaciones con los trabajadores han de ser prioritarias, y por ello deben asegurarse unas condiciones de trabajo seguras y saludables. Las condiciones de trabajo son el conjunto de variables que determinan la calidad de vida laboral. Pueden ser factor de riesgo y generar daños laborales de todo tipo, pero al contrario pueden y deben contribuir al bienestar y salud de las personas y organizaciones. El cumplimiento de la reglamentación vigente es un primer paso esencial que no debiera limitarse al cumplimiento de mínimos. La prevención de riesgos laborales debiera ser asumida no solo como una obligación sino como una oportunidad, y más como una inversión que como un coste, buscando bajo una concepción empresarial la eficiencia en todas las actuaciones. La experiencia demuestra que lo que se hace por obligación no genera en principio
  • Interés especial. La satisfacción en el trabajo como uno de los objetivos de una política acertada en este campo, debería ser uno de los resultados a alcanzar, así como el conseguir complementariamente un buen clima laboral. De esta manera, la atención a las condiciones de trabajo se convierte en condición indispensable para la implicación de las personas en los objetivos empresariales. Las personas y con ellas sus condiciones de trabajo están en el corazón de los sistemas eficaces.
  • Innovación y mejora continua. La necesidad de adaptación de la empresa a los continuos cambios y exigencias requiere desarrollar plenamente su capacidad innovadora en todos los ámbitos. Los recursos a la Investigación y Desarrollo en la empresa son esenciales, pero deben integrar también a la Innovación (I+D+i). La innovación tecnológica para aprovechar las mejores tecnologías disponibles, adecuándose a las capacidades de las personas, ha de complementarse con la aportación y creatividad continuada de todos los miembros de la empresa. Ello solo es posible si las personas actúan en un marco de libertad y en un clima laboral saludable, basado en la confianza.
  • Participación y trabajo en equipo. La participación de los trabajadores es fundamental en la buena marcha de una organización. Las personas demandan participar en todas aquellas decisiones que de algún modo les afectan. Sus opiniones deberían ser consideradas, y de ser posible aplicadas, de buen seguro responderán a la mejora de los procesos de trabajo y a los intereses empresariales, si la empresa también actúa con rigor y generosidad. Desarrollar vías ágiles de comunicación y participación, delegando competencias, facilita la implicación y cooperación de las personas, siendo el trabajo en equipo una de las mejores maneras de organizar el trabajo para lograrlo. El trabajo en equipo entre personas competentes favorece el aprendizaje continuo de todos sus miembros, el hallazgo continuado de las mejores maneras de hacer las cosas y organizarse, la interiorización del proceso y de los conocimientos (capital estructural) y el autocontrol de la calidad del trabajo realizado. Por ello, es vital la potenciación del trabajo en equipo, dotándolo de autonomía y control sobre el más amplio conjunto de tareas para el cumplimiento de los objetivos establecidos.
  • Formación continua. La formación es el instrumento fundamental para que las personas mejoren aptitudes y actitudes en el trabajo, y es esencial en los procesos de cambio. Al mismo tiempo, el desarrollo personal y profesional de las personas, que es necesario para estar intelectualmente vivas, requiere de formación permanente. El lugar de trabajo habría de ser el medio adecuado para desarrollar los conocimientos y habilidades necesarias, siempre que la empresa ponga los medios adecuados y las propias actividades laborales sean fuente de aprendizaje. Con ello, las personas podrán aportar lo mejor de sus capacidades y se estará contribuyendo a asegurar su “empleabilidad”, necesaria tanto para ellas como para la propia sociedad. La formación debe abarcar todos los niveles de la empresa. La formación en habilidades directivas a todo el personal con mando es vital, como lo es la formación de los trabajadores en las actividades preventivas en las que debe estar prevista su participación. La organización debería estar en continuo aprendizaje.
  • Calidad integral de productos, servicios y procesos. La empresa debe tener una clara orientación -muchos afirman que obsesiva- a sus clientes para la satisfacción de sus necesidades y expectativas. El concepto de calidad integra no solo la calidad del producto, sino también, su precio justo, el plazo de respuesta previsto y servicios asociados, y también las condiciones en que éstos han sido realizados. El consumidor desea saber cómo se consigue el producto que adquiere, no estando dispuesto a estar cerca de organizaciones que incumplen derechos o valores universales. La calidad del proceso productivo es esencial para alcanzar los resultados esperados, debiendo generarse valor en todas sus etapas. Debiera prevalecer siempre la gestión por procesos frente a la gestión por funciones, rompiendo las barreras
  • Interdepartamentales y facilitando la cooperación. Es vital la generación constante de un alto valor añadido para hacer frente a la batalla perdida de reducción de costes salariales ante las economías emergentes. La innovación lo hace posible.
  • Respeto al medio ambiente. Las exigencias del marco reglamentario obligan a evitar y controlar la contaminación y la generación de residuos incontrolados. Pero ello no es suficiente ante las necesidades medioambientales de supervivencia de la humanidad y el desarrollo sostenible del planeta. Son necesarios esfuerzos notorios para el uso racional de las fuentes energéticas y el empleo de energías renovables, la implantación de una nueva cultura del agua como bien escaso, y la minimización de los residuos, facilitando su aprovechamiento o reutilización.
  • Compromiso con la sociedad. La sociedad exige que la empresa sea responsable, lo que representa cumplir con la totalidad de los puntos anteriores, dando además respuesta en función de sus posibilidades a las necesidades sociales del medio del que forma parte. Tengamos en cuenta que una de las primeras responsabilidades de la empresa es ser competitiva para poder pervivir. La empresa es por si misma, con los puestos de trabajo que genera y con los bienes y servicios que produce, fuente de riqueza social. Recibe mucho de la sociedad de la que forma parte, pero también está obligada moralmente a revertir a la misma parte de sus beneficios. Lo que no va en detrimento que deba gestionar su política de acción social como un recurso, no limitado a “filantropía”, armonizando las necesidades con sus posibilidades y propios intereses. El respeto a los valores morales tanto interna como externamente es hoy consustancial con el beneficio económico, que la sociedad con su capacidad de decisión y de compra hace posible. Ello no significa que la política de acción social de la empresa haya de hacerse por un interés estrictamente económico o quedarse en mero “marketing” social. En las sociedades democráticas cada vez será más exigible el compromiso de las organizaciones con la sociedad, incluso en algunos aspectos será condición indispensable para permitir su crecimiento.

> Cómo generar cultura preventiva

A la hora de crear cultura preventiva en la empresa hay dos elementos fundamentales. Por un lado, estaría el compromiso de la empresa y, por otro, contar con la participación de los trabajadores y trabajadoras.

Se trata de ir generando un cambio para que la forma de actuar en el trabajo sea diferente e ir creando conciencia, adoptando nuevas conductas y una actitud responsable y de respeto por la protección de la salud y el entorno.

Para lograrla  es necesario  que la empresa tenga presente lo siguiente:

  • Una visión de la gerencia y de los mandos intermedios comprometida, colaborativa, permanente y participativa en la Prevención de Riesgos.
  • Generar confianza mutua con los Trabajadores y Asesores en Prevención de Riesgos.
  • Las personas trabajadoras son realmente el principal valor de la empresa y debe trabajar con un marco de libertad, autonomía, responsabilidad.
  • Se debe contar con un clima laboral que fomenta la aceptación, la participación, la resolución constructiva de los problemas, el compromiso y  la creatividad.
  • Existe reconocimiento de la alta gerencia y línea de mando superior hacia los trabajadores/as que respetan las normas de seguridad. Se fomenta la  conciencia para generar compromiso, no la imposición para generar obligación.
  • Se otorgan los recursos necesarios (económicos, técnicos, humanos).
  • Los trabajadores/as participan en la toma de decisiones de aquello que les afecta.
  • Los delegados/as en prevención de riesgos de la empresa son facilitadores, comprometidos y proactivos, orientando su apoyo fundamentalmente a la línea de mando superior dentro de la organización.
  • Los trabajadores se sienten parte importante de la organización y aportan con sus ideas de mejoras en las operaciones  sin ningún temor.

Para lograr un cambio positivo en la cultura de la organización/ empresa, es primordial el cambio de conductas de todos los integrantes de la misma, es un compromiso transversal donde todos, independientemente de la posición que ocupa, son elementos fundamentales.

> Buenas prácticas

Las empresas y organizaciones, conscientes de la importancia que supone la salud en el trabajo, están implantando programas y desarrollando acciones para la mejora continua de la cultura preventiva. El hecho de identificar esas prácticas y ponerlas a disposición de otras empresas contribuirá al fortalecimiento e implantación de esa cultura en el resto de organizaciones.

Se entiende por buenas prácticas aquellas formas de actuación que han dado un resultado positivo en un contexto concreto y han generado efectos de mejora, y que pueden ser transferidas a otros ámbitos similares o servir como ejemplo para otras organizaciones. Permiten aprender de otras experiencias para poder adaptarlas a otras empresas y promueven sobre nuevas ideas.

Según el concepto de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo (AESST), se consideran buenas prácticas “toda actuación puesta en marcha en una empresa que haya sido efectiva para mejorar realmente las condiciones de trabajo o, por lo menos, para reducir los riesgos en la misma, y que sea susceptible de servir de ejemplo en otras empresas del sector”.

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