Los riesgos psicosociales en el ámbito laboral pueden tener un impacto negativo en la salud de los trabajadores. Factores como el estrés laboral, el temor a perder el empleo, la inseguridad en el trabajo y una organización inadecuada del mismo afectan directamente el bienestar mental de las personas trabajadoras. Esto, a su vez, genera altos costes tanto para los trabajadores/as que sufren daños en su salud como para las empresas, que enfrentan pérdidas por jornadas laborales no trabajadas, y para el sistema de salud pública, que debe asumir los gastos de tratamiento y rehabilitación.
Para prevenir estos riesgos psicosociales, es fundamental que las empresas cumplan con la normativa en materia de prevención de riesgos laborales. Por lo tanto, es necesario que se lleven a cabo evaluaciones de riesgos psicosociales y se implementen medidas preventivas para eliminar o mitigar los riesgos existentes. Estas evaluaciones también deben realizarse en situaciones de teletrabajo, tal como establece el artículo 16 del Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, sobre trabajo a distancia.
La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como «un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Tiene un valor intrínseco e instrumental y es un derecho humano fundamental».
La salud mental es una parte integral de la salud y el bienestar de la población que depende de factores muy diversos de tipo biomédico (genético, etc.), conductual (hábitos alimentarios, uso de drogas, ejercicio físico, etc.) y sanitario (atención primaria, hospitales). Sin embargo, los más importantes son los llamados determinantes sociales de la salud, entre los que se encuentra la precariedad laboral. De hecho, la salud mental es especialmente sensible a la precarización de las condiciones laborales.¹
Cada vez más investigaciones, estrategias, documentos y resoluciones nacionales e internacionales reconocen la estrecha relación entre salud mental y condiciones de trabajo y empleo. En la actualidad, nuestro país carece de un sistema estandarizado para reconocer de forma sistemática el origen laboral de los trastornos mentales. No obstante, la evidencia científica es abundante, y las herramientas clínicas disponibles —como la exploración psicopatológica, la formulación individual o el uso de instrumentos validados— permiten establecer con suficiente solidez el vínculo entre exposición a riesgos psicosociales y daño psíquico. Esta dificultad para establecer causalidad no es exclusiva de la salud mental: también aparece en muchos otros procesos de salud que sí están reconocidos como enfermedades de origen laboral, como ocurre con los trastornos musculoesqueléticos. Por tanto, la complejidad diagnóstica no puede seguir siendo un argumento para negar el reconocimiento.²
La realidad del tejido empresarial andaluz, compuesto principalmente por pequeñas empresas, dista mucho de ser el mejor escenario para la implementación de medidas de prevención en materia de salud mental. El principal motivo radica en que un importante porcentaje de las mismas no dispone de una evaluación de los riesgos psicosociales, lo que supone, de facto, un incumplimiento de la normativa de prevención.
Según la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, se indica expresamente que «el empresario deberá garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo» (art. 14). Asimismo, «el empresario deberá realizar una evaluación inicial de los riesgos para la seguridad y salud de los trabajadores, teniendo en cuenta, con carácter general, la naturaleza de la actividad, las características de los puestos de trabajo existentes y de los trabajadores que deban desempeñarlos» (art. 16.2.a). Además, «si los resultados de la evaluación prevista en el párrafo a) pusieran de manifiesto situaciones de riesgo, el empresario realizará aquellas actividades preventivas necesarias para eliminar o reducir y controlar tales riesgos» (art. 16.2.b).
Los riesgos psicosociales están presentes en prácticamente todos los sectores de producción en distinta medida y pueden afectar a todos los trabajadores/as en mayor o menor grado.
Los riesgos para la salud mental en el trabajo pueden incluir los siguientes³:
• insuficiencia de capacidades o su empleo insuficiente en el trabajo;
• cargas o ritmo de trabajo excesivos, falta de personal;
• horarios excesivamente prolongados, antisociales o inflexibles;
• falta de control sobre el diseño o la carga del trabajo;
• condiciones físicas de trabajo inseguras o deficientes;
• cultura institucional que permite los comportamientos negativos;
• apoyo limitado por parte de colegas o supervisión autoritaria;
• violencia, acoso u hostigamiento;
• discriminación y exclusión;
• funciones laborales poco definidas;
• promoción insuficiente o excesiva;
• inseguridad laboral, remuneración inadecuada o escasa inversión en el desarrollo profesional; y
• demandas conflictivas para la conciliación de la vida familiar y laboral.
La Organización Internacional del Trabajo ya solicitó hace más de veinte años la inclusión de los trastornos mentales en la lista de enfermedades profesionales, sin que esa recomendación haya tenido un desarrollo normativo amplio en la mayoría de los países.⁴
El estrés relacionado con el trabajo es uno de los factores que puede contribuir al suicidio laboral, lo que hace que las condiciones laborales sean fundamentales para su prevención. Es necesario establecer protocolos consensuados que garanticen la protección de los trabajadores y las trabajadoras. Aunque no todos los suicidios vinculados a factores laborales son reconocidos como una contingencia profesional, en nuestro país ya existen algunas sentencias que lo consideran un accidente de trabajo.
Las empresas deben llevar a cabo evaluaciones de riesgos psicosociales y tomar las medidas preventivas adecuadas para proteger la seguridad y la salud de los empleados y empleadas. Es crucial evitar situaciones de estrés laboral, acoso o el síndrome del trabajador/a quemado/a, entre otros riesgos. La capacitación e información sobre cómo detectar pensamientos o conductas suicidas en el ámbito laboral, así como sobre cómo actuar frente a ellos, sería una herramienta valiosa en la prevención.
¹ Fuente: Informe PRESME. Precarios, inestables y estresados. Precariedad laboral y salud mental. Ministerio de Trabajo y Economía Social.
² Fuente: «Trabajo y salud mental: hoja de ruta para las administraciones en España». Ministerio de Sanidad.
³ Fuente: La salud mental en el trabajo. Organización Mundial de la Salud. Disponible en: https://www.who.int/es/newsroom/fact-sheets/detail/mental-health-at-work
⁴ Fuente: «Trabajo y salud mental: hoja de ruta para las administraciones en España». Ministerio de Sanidad.






