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Evaluación de los riesgos de origen psicosocial, como estrategia preventiva de trastornos mentales en la empresa

En el año 2010, la OIT incluyó por primera vez los Trastornos mentales y del comportamiento en el listado de enfermedades profesionales, categorizándolas en dos grupos: trastorno de estrés postraumático y otros trastornos mentales o del comportamiento:

2.4. Trastornos mentales y del comportamiento

2.4.1. Trastorno de estrés postraumático

2.4.2. Otros trastornos mentales o del comportamiento no mencionados en el punto anterior cuando se haya establecido, científicamente o por métodos adecuados a las condiciones y la práctica nacionales, un vínculo directo entre la exposición a factores de riesgo que resulte de las actividades laborales y el (los) trastorno(s) mentales o del comportamiento contraído(s) por el trabajador¹

Sin embargo, en nuestro país, aún no se ha producido la inclusión de estos trastornos mentales y del comportamiento en el listado de Enfermedades Profesionales, a pesar del aumento significativo en la población.

En 2024 se registraron un total de 671.618 situaciones de incapacidad temporal por trastornos mentales y del comportamiento en España, siendo el dato más alto desde 2016. Las enfermedades mentales han aumentado un 136% respecto a las registradas en 2016. Con datos parciales de 2025, ya se han registrado 420.783 situaciones de IT por esta causa, afectando en mayor medida a las mujeres, entre las que se registraron el 64% de este tipo de incapacidad temporal.²

El estrés laboral puede causar entre otras patologías, depresión, cardiopatías, trastornos digestivos, aumento de la tensión arterial y dolor de cabeza, trastornos músculo-esqueléticos como lumbalgias, fatiga crónica e insomnio, lo cual supone un uso considerable de medicación, entre ella los hipnosedantes, cuyo consumo frecuente implica riesgos de dependencia y adicción.

De acuerdo con la Encuesta 2019/2020 sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en el Ámbito Laboral en España, el uso de hipnosedantes (con o sin prescripción médica) ha aumentado con el paso del tiempo: el porcentaje de personas que los consumieron en el último mes pasó del 5,3% en 2007 al 7,3% en 2013 y se mantuvo en ese mismo 7,3% en 2019. Actualmente, constituyen la tercera sustancia psicoactiva más utilizada entre la población trabajadora y, junto con los analgésicos opioides, son las que presentan un mayor impacto en las mujeres.²

La prevención primaria tiene que ser considerada como el primer nivel de actuación para evitar los efectos negativos de los riesgos psicosociales. Al prevenir dichos efectos, también se reduce el uso inadecuado de medicamentos.

Por tanto, la solución debe enfocarse además en sensibilizar y/o exigir a todas las empresas la realización de la evaluación de riesgos psicosociales, identificando aquellos factores de riesgo de origen psicosocial presentes en los puestos de trabajo y estableciendo las medidas preventivas necesarias de forma que protejan la salud de las personas trabajadoras, actuando así en el origen del problema. De esta forma se da luz a las patologías que puedan derivar de los mismos y que permitan establecer el nexo causal de una enfermedad de origen laboral.

¹ Lista de enfermedades profesionales de la OIT (revisada en 2010)
² Informe Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Encuesta 2019-2020 sobreconsumo de sustancias psicoactivas en el ámbito laboral en España. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2021. 74p.
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