La siniestralidad laboral sigue asociándose en el imaginario colectivo a caídas, golpes o accidentes con maquinaria. Sin embargo, la estadística real muestra además un panorama distinto, ya que una parte muy significativa de las muertes que se producen durante la jornada laboral no tienen un origen traumático: estamos hablando fundamentalmente de infartos e ictus. En España, los análisis de organismos públicos sitúan estas patologías en torno a cuatro de cada diez fallecimientos en horario laboral, una cifra que obliga a replantear, o al menos complementar, qué entendemos por «accidente de trabajo».
Este dato es especialmente relevante porque revela que el riesgo laboral no siempre se manifiesta en un gesto brusco, un golpe o un fallo mecánico. Muchas veces, el cuerpo se rompe por dentro, silenciosamente, tras años de exposición a condiciones de trabajo que erosionan la salud cardiovascular.
La ciencia lleva años señalando que el estrés laboral no es un simple malestar emocional, sino un factor de riesgo cardiovascular de primer orden. La literatura científica es amplia, pero pongamos a modo de ejemplo dos grandes metaanálisis —estudios científicos que resumen la evidencia científica publicada— que permiten afirmarlo con absoluta solidez:
Por una parte, un metaanálisis publicado en The Lancet, posiblemente la revista de salud más prestigiosa a nivel mundial, que analizó datos de 603.838 personas, concluyó que trabajar jornadas largas incrementa de forma significativa el riesgo de cardiopatía coronaria y, especialmente, de ictus. El estudio muestra que quienes trabajan 55 horas o más por semana presentan un riesgo de ictus un 33% mayor que quienes trabajan entre 35 y 40 horas. Este trabajo es clave porque demuestra que algo que parece aparentemente neutro, como la organización del tiempo de trabajo, tiene un impacto directo en la salud cardiovascular.
Por otra parte, la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo publicó otro metaanálisis en el que se sintetiza la evidencia disponible y confirma que factores como altas demandas psicológicas, bajo control sobre el trabajo, falta de apoyo social, inseguridad laboral o conflictos de rol están asociados a un mayor riesgo de infartos, ictus y otras enfermedades cardiovasculares. Este análisis europeo subraya que los riesgos psicosociales no solo afectan a la salud mental, ya que tienen efectos fisiológicos medibles, incluyendo alteraciones, por ejemplo en la presión arterial, que son mecanismos conocidos en la génesis de eventos cardiovasculares.
Aunque la ley obliga a evaluar todos los riesgos, lo que incluye los riesgos psicosociales, la realidad es que en muy pocas empresas se realizan estas evaluaciones.
La prevención de infartos e ictus en el trabajo no solo pasa por tener acceso a desfibriladores o protocolos de emergencia. Pasa también, y sobre todo, por organizar el trabajo de manera saludable, reducir las cargas excesivas, mejorar el control sobre las tareas, garantizar descansos adecuados y promover un clima laboral que no erosione la salud.
Adaptado del artículo publicado en la revista mensual de noticias de actualidad de UGT Andalucía, UGT NEWS. Nº 26. Febrero 2026. Autor: Pablo Sánchez Villegas
Se pueden consultar los metaanálisis completos que se referencian en:
- Long working hours and risk of coronary heart disease and stroke (Jornadas laborales largas y riesgo de cardiopatía coronaria e ictus) — The Lancet https://www.thelancet.com/article/S0140-6736(15)60295-1/fulltext
- The links between exposure to work-related psychosocial risk factors and cardiovascular disease (La relación entre los riesgos psicosociales laborales y la enfermedad cardiovascular) — EU-OSHA https://osha.europa.eu/sites/default/files/Links-exposure-work-related-psychosocial-risks-at-work-and-cardiovascular-diseases_EN.pdf






