ENTREVISTA A VICENTE MARTÍNEZ OLIVER. Responsable Territorial de Seguridad y Salud Laboral de la Fundación Laboral de la Construcción en Andalucía
1. ¿Cuál es actualmente la Enfermedad Profesional más frecuente en el sector de la construcción y por qué?
En construcción destacan las enfermedades profesionales asociadas a agentes físicos, que representan aproximadamente el 71% de las comunicadas en Andalucía. Dentro de ellas encontramos lesiones frecuentes que suelen cursar con incapacidad temporal, como tendinitis o patologías de hombro, codo, muñeca y rodilla, y otras que pueden tener una evolución más compleja y dejar secuelas permanentes, como determinadas hernias discales o síndromes de compresión nerviosa.
Entre las enfermedades comunicadas destacan especialmente la epicondilitis y la epitrocleitis, asociadas a esfuerzos repetidos, agarres mantenidos y uso continuado de herramientas manuales. Además, no todos los trastornos musculoesqueléticos de origen laboral llegan a comunicarse o reconocerse como enfermedad profesional, lo que dificulta el análisis real de la situación.
2. ¿Qué factores propios de la obra hacen que los TME sean tan prevalentes?
La construcción reúne prácticamente todos los factores de riesgo ergonómico: manipulación manual de cargas, posturas forzadas, movimientos repetitivos, tareas con los brazos elevados, uso de herramientas pesadas o con vibraciones y desplazamientos por terrenos irregulares.
Además, la obra es un entorno muy dinámico que exige coordinar actividades, adaptarse a distintas fases de ejecución y trabajar en condiciones cambiantes. Por ello, la planificación y la organización son esenciales: una correcta ubicación de materiales, la disponibilidad de medios auxiliares, la mecanización de tareas y una adecuada formación de todas las personas implicadas pueden reducir de forma significativa la carga física soportada por las personas trabajadoras.
3. ¿Existe suficiente conciencia en el sector sobre este problema?
No la suficiente. En las últimas décadas hemos avanzado mucho en la prevención de riesgos visibles como las caídas de altura o los atrapamientos, pero la ergonomía sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes del sector.
Todavía existe cierta tendencia a asumir que acabar la jornada con dolor de espalda, hombros o rodillas forma parte del oficio. Sin embargo, los trastornos musculoesqueléticos son un riesgo profesional más y deben abordarse con la misma seriedad que cualquier otro. Muchas lesiones comienzan con pequeñas molestias que se repiten durante meses o años hasta convertirse en problemas crónicos o incluso incapacitantes.
4. ¿Qué oficios dentro de la construcción presentan mayor riesgo?
Prácticamente todos los oficios tienen exposición a riesgos ergonómicos, aunque algunos presentan una incidencia especialmente elevada. Albañiles, encofradores, ferrallistas, yesistas, escayolistas, soladores, alicatadores, pintores o instaladores realizan tareas que combinan esfuerzos físicos importantes con movimientos repetitivos y posturas forzadas.
Por ejemplo, el uso continuado de herramientas manuales, agarres mantenidos o movimientos repetitivos puede favorecer lesiones como la epicondilitis, la epitrocleitis o el síndrome del túnel carpiano. Por ello, cualquier puesto debe analizarse adecuadamente para identificar la exposición real y adaptar el trabajo a la persona mediante medidas técnicas, organizativas y formativas.
5. ¿Qué papel juega la falta de planificación en la aparición de estas lesiones?
La planificación tiene una influencia decisiva. Muchas lesiones no nacen cuando la persona trabajadora realiza el esfuerzo, sino mucho antes, cuando se decide cómo se va a ejecutar la obra.
Una mala planificación puede traducirse en materiales mal ubicados, desplazamientos innecesarios, ausencia de ayudas mecánicas o ritmos de trabajo excesivos. La ergonomía empieza cuando se diseñan los procesos, se organizan los acopios y se seleccionan los medios necesarios para ejecutar el trabajo de forma segura y saludable.
6. ¿Se evalúan correctamente los riesgos musculoesqueléticos en las obras o suelen quedar en segundo plano?
La Ley de Prevención exige evaluar los riesgos teniendo en cuenta la actividad, las características del puesto, de las personas trabajadoras y también la organización del trabajo. Además, establece como principio preventivo adaptar el trabajo a la persona y considerar la evolución de la técnica.
Aunque la ergonomía ha ganado protagonismo en los últimos años, todavía es necesario profundizar en algunos casos en el análisis real de las tareas: cómo se trabaja, cuánto dura la exposición, qué medios existen y qué mejoras técnicas u organizativas pueden implantarse para reducir la carga física.
7. ¿Qué indicadores deberían alertar a una empresa de que existe un problema emergente?
Las bajas por lesiones de espalda, hombro, muñeca o rodilla son señales evidentes, pero suelen aparecer cuando el problema ya está avanzado. Mucho antes, la observación directa de los trabajos puede detectar posturas forzadas, movimientos repetitivos, sobreesfuerzos o falta de medios auxiliares.
También es fundamental la vigilancia de la salud. Los servicios de prevención deben desarrollar protocolos específicos para los puestos expuestos y trasladar a la empresa información que permita actuar de forma preventiva antes de que aparezcan lesiones graves o irreversibles. Cuando una lesión ya se ha producido, el análisis conjunto con la mutua ayuda a identificar las causas y evitar nuevos casos. En este proceso resulta igualmente importante escuchar a las personas trabajadoras, ya que son quienes mejor conocen muchas de las dificultades y exigencias reales de las tareas.
8. ¿Qué medidas preventivas son realmente efectivas para reducir los TME en obra?
Las medidas más eficaces son aquellas que reducen el esfuerzo físico desde el origen: ayudas mecánicas, equipos de elevación y transporte, herramientas ergonómicas, sistemas industrializados o mejoras en la organización del trabajo.
Además, el sector dispone cada vez de más soluciones técnicas, como determinados exoesqueletos para tareas concretas. Junto a ello, la formación sigue siendo fundamental, tanto para las personas trabajadoras como para quienes planifican y organizan los trabajos. La prioridad siempre debe ser eliminar o reducir el riesgo antes que trasladar toda la responsabilidad a quien ejecuta la tarea.
9. ¿Qué cambios organizativos pueden reducir la carga física del trabajo?
La organización del trabajo tiene una influencia enorme sobre los riesgos musculoesqueléticos. Muchas veces el problema no es únicamente el peso que se manipula, sino cómo está organizada toda la actividad.
Aspectos como la ubicación de materiales, la planificación de suministros, la disponibilidad de medios auxiliares, la rotación de tareas o los tiempos de recuperación pueden reducir considerablemente la carga física. Una obra bien organizada suele ser una obra más segura, más eficiente y también más saludable para las personas trabajadoras.
10. ¿Qué formación debería recibir una persona trabajadora para prevenir lesiones?
La formación debe ser práctica, adaptada al oficio y centrada en situaciones reales de trabajo. Debe ayudar a identificar riesgos, reconocer síntomas tempranos de lesión y utilizar correctamente los medios auxiliares disponibles.
Pero la formación no debe limitarse a las personas trabajadoras. También es fundamental para encargados, mandos intermedios y responsables de planificación, ya que muchas decisiones que influyen en la ergonomía se toman antes de iniciar los trabajos. Conocer las recomendaciones técnicas y las nuevas soluciones disponibles es clave para prevenir lesiones.
11. ¿Cómo se puede mejorar la cultura preventiva en un sector tan tradicional como la construcción?
Lo primero es dejar de normalizar el daño. Durante años se ha asumido que acabar la vida laboral con problemas de espalda o articulaciones era algo inevitable, cuando en realidad muchas de estas lesiones pueden prevenirse.
La ergonomía debe integrarse en la gestión diaria de las obras, desde la planificación y la compra de equipos hasta la formación y la vigilancia de la salud. Además, la Ley de Prevención reconoce expresamente el derecho de participación de las personas trabajadoras en las cuestiones relacionadas con su seguridad y salud. La verdadera cultura preventiva aparece cuando empresas, personas trabajadoras y sus representantes colaboran activamente en la identificación de problemas y en la búsqueda de soluciones.
12. ¿Qué errores se cometen habitualmente en la formación sobre manipulación de cargas?
El error más habitual es pensar que toda la prevención depende de cómo levanta una carga la persona trabajadora. Durante años se ha transmitido la idea de que bastaba con enseñar una técnica correcta de levantamiento.
La realidad es que la mejor carga es la que no se manipula manualmente. Por eso la formación debe insistir también en la utilización de ayudas mecánicas, en la organización de los trabajos y en la planificación preventiva. Cuando la solución se limita al comportamiento individual, estamos actuando demasiado tarde.
13. ¿Cómo se puede implicar a mandos intermedios y encargados?
Los mandos intermedios y encargados son una figura clave porque conocen la realidad diaria de la obra y tienen capacidad para actuar sobre muchas situaciones de riesgo antes de que generen lesiones.
Pueden influir en la organización de tareas, la ubicación de materiales, la utilización de medios auxiliares o la detección temprana de sobreesfuerzos. Para implicarlos es necesario proporcionarles formación específica y capacidad de decisión, de forma que integren la ergonomía como parte natural de la gestión de la obra. Y esa labor resulta mucho más eficaz cuando existe una comunicación fluida con las personas trabajadoras y con sus representantes, incorporando su experiencia y conocimiento de los trabajos reales.
14. ¿Qué mensaje le gustaría que quedara claro para trabajadores y empresas?
A las personas trabajadoras les diría que ningún riesgo debe asumirse como parte normal del trabajo. Utilizar los medios disponibles, respetar los límites de carga y comunicar las molestias desde sus primeras fases es fundamental para evitar lesiones que pueden acompañarles durante toda su vida laboral.
A las empresas les recordaría que proteger la salud de sus plantillas no es solo una obligación legal, sino también una inversión en experiencia, talento y sostenibilidad. Si queremos seguir profesionalizando el sector y atraer nuevas generaciones, debemos demostrar que es posible desarrollar toda una carrera profesional en construcción sin sacrificar la salud.
RESEÑA CURRICULAR
Vicente Martínez Oliver es Ingeniero Industrial y Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Cuenta con más de 20 años de experiencia profesional en los ámbitos de la construcción, la ingeniería y la energía, con especialización en prevención de riesgos laborales. Actualmente desempeña el puesto de Responsable Territorial de Seguridad y Salud Laboral de la Fundación Laboral de la Construcción en Andalucía, desde el que desarrolla labores de asesoramiento técnico, seguimiento de la seguridad y salud laboral en el sector, formación preventiva y promoción de actuaciones dirigidas a reducir la siniestralidad y mejorar las condiciones de trabajo de las personas trabajadoras de la construcción.






