En artículos anteriores hemos abordado la prevención de riesgos laborales en personas trabajadoras con discapacidad, pero en esta ocasión queremos centrar la atención específicamente en la discapacidad intelectual.
Uno de los puntos de partida debe ser la consideración de trabajador/a especialmente sensible especificada en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, la cual indica en su artículo 25 que el empresario garantizará de manera específica la protección de los trabajadores que, por sus propias características personales o estado biológico conocido, incluidos aquellos que tengan reconocida la situación de discapacidad física, psíquica o sensorial, sean especialmente sensibles a los riesgos derivados del trabajo. A tal fin, deberá tener en cuenta dichos aspectos en las evaluaciones de los riesgos y, en función de éstas, adoptará las medidas preventivas y de protección necesarias.
Los trabajadores no serán empleados en aquellos puestos de trabajo en los que, a causa de sus características personales, estado biológico o por su discapacidad física, psíquica o sensorial debidamente reconocida, puedan ellos, los demás trabajadores u otras personas relacionadas con la empresa, ponerse en situación de peligro o, en general, cuando se encuentren manifiestamente en estados o situaciones transitorias que no respondan a las exigencias psicofísicas de los respectivos puestos de trabajo (art. 25.1).
A partir de esta premisa, deben considerarse no solo las características individuales o el entorno de manera independiente, sino también el principio de interacción: la persona se interrelaciona con su entorno y a la vez influye en él. De esta manera, se ha de plantear el diseño de las tareas, del entorno físico y del contexto organizativo de manera que se logren los objetivos y necesidades de producción o servicio, a la vez que se potencian las capacidades individuales. Así pues, los objetos, herramientas, instrumentos y dispositivos, así como el entorno, han de reunir unas condiciones de seguridad y comodidad para todos¹.
En prevención de riesgos laborales, esto implica adaptar:
- Señalización
- Procedimientos de trabajo
- Formación
- Planes de emergencia
- Documentación preventiva
Para identificar y medir la interacción que la discapacidad intelectual pueda tener con las condiciones de trabajo, se deberá realizar una evaluación de riesgos adaptada a la discapacidad. La evaluación de riesgos del puesto que va a ser ocupado por una persona con discapacidad intelectual debe adaptarse a las características específicas del trabajador. La metodología de evaluación de riesgos desarrollada y adaptada al respecto permite no solo identificar las condiciones de trabajo que suponen un nuevo riesgo o agravan el ya existente para un trabajador con discapacidad intelectual, sino que proporciona una gradación de la gravedad y tolerabilidad de cada uno de esos riesgos².
Los riesgos laborales que afectan a personas con discapacidad intelectual no son solo físicos: la comprensión, la accesibilidad cognitiva y la organización del trabajo son factores críticos. La prevención eficaz requiere adaptación cognitiva, ergonomía, supervisión formativa, evaluación de riesgos específica y entornos inclusivos.
La formación es una herramienta básica para poder prevenir los accidentes de trabajo. Cuando esta formación va dirigida a trabajadores y trabajadoras con discapacidad intelectual, es necesario tener en cuenta una serie de aspectos muy importantes. Por un lado, debe ser preferiblemente presencial, de forma que se puedan resolver las dudas que se presenten, además de continua.
Por otro, deben dosificarse los contenidos para que el trabajador pueda asimilar bien los conceptos. Se han de remarcar los aspectos esenciales, obviando lo accesorio. Es preferible centrarse en la asimilación de aspectos críticos e ir introduciendo poco a poco otros aspectos. Se debe enfatizar la formación acerca de riesgos específicos —como riesgos de máquinas o productos químicos— mediante señalización clara, envases con códigos de colores y fichas sencillas disponibles en el puesto. Pueden usarse códigos de colores para orientar al trabajador sobre características particulares (diferenciar distintos usos, ubicaciones, trazabilidad de un producto, seguir un orden, etc.)³.
La prevención de riesgos laborales cobra una relevancia aún mayor cuando se trata de personas con discapacidad intelectual. No solo reduce la probabilidad de accidentes: garantiza entornos más seguros, inclusivos y dignos, donde cada persona puede desarrollar su actividad con confianza y autonomía.
Fuentes:
Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales.
¹ NTP 1004: Diseño de puestos ocupados por personas con discapacidad: adaptación y accesibilidad. Año 2014. INSST.
²⁻³ Guía para la gestión de la prevención de riesgos laborales de trabajadores con discapacidad intelectual. Oficina de Prevención de Riesgos Laborales de Foment del Treball Nacional. 2009.







