En España, muchas mujeres migrantes trabajan en sectores esenciales como los cuidados, el hogar, la hostelería, la agricultura o la limpieza. Son trabajos fundamentales para la sociedad, pero a menudo se realizan en condiciones que pueden afectar a la salud física y emocional.
Según el «Estudio del perfil sociodemográfico y de siniestralidad de la población ocupada migrante», las ocupaciones que presentaron mayor porcentaje de accidentes entre las mujeres migrantes mujeres, destacó sobre el resto de las categorías el personal de limpieza de oficinas, hoteles y otros establecimientos similares (18,9% de los ATJT sufridos por las mujeres migrantes), seguido de las camareras asalariadas (10,0%), cocineras asalariadas (6,7%), peonas de las industrias manufactureras (6,4%), y peonas agrícolas (6,0%).¹
Los estudios del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo y de otros organismos públicos muestran que las personas migrantes, especialmente las mujeres, tienen más probabilidades de:
- Sufrir accidentes laborales
- Realizar tareas físicamente exigentes
- Trabajar sin formación preventiva suficiente
- Enfrentarse a discriminación, estrés o aislamiento
El estudio de caso «Psychosocial risks and working conditions of migrant women in care, cleaning and domestic work», publicado por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), que analiza la exposición de las mujeres migrantes a riesgos psicológicos y sociales en los servicios personales y domésticos, incluyendo el cuidado domiciliario, la limpieza y el trabajo doméstico, destaca que las mujeres migrantes que trabajan en los servicios personales y domésticos suelen desempeñar su actividad en condiciones laborales inseguras y con frecuencia informales, lo que limita su acceso a derechos y mecanismos de protección. En este contexto, la exposición a riesgos psicosociales se intensifica debido a factores como la inestabilidad laboral, la precariedad contractual y la escasa regulación del sector. Estos entornos de trabajo se caracterizan a menudo por malas condiciones laborales, inseguridad en el empleo y una exposición significativa al estrés, la violencia y el acoso, que afectan al bienestar psicológico de las trabajadoras.
Entre las conclusiones del estudio se subraya la importancia de desarrollar iniciativas prácticas dirigidas a empleadores y agentes sociales para reducir estos riesgos. Entre ellas, se incluyen programas de apoyo entre iguales culturalmente sensibles, acceso a información sobre derechos laborales y seguridad y salud en el trabajo, así como medidas para mejorar la comunicación y la confianza entre trabajadoras migrantes. También se recomienda proporcionar información en los idiomas que hablan las trabajadoras y en formatos accesibles para quienes tienen bajos niveles de alfabetización, con el fin de facilitar el conocimiento de sus derechos y reducir su exposición a factores de riesgo psicológico y social.²
En términos generales, las medidas de prevención de riesgos laborales más relevantes para las mujeres migrantes son aquellas orientadas a:
- Formación preventiva accesible (idioma, nivel educativo, ejemplos prácticos).
- Protocolos contra acoso, violencia y discriminación.
- Evaluación de riesgos adaptada a tareas típicas de mujeres migrantes (limpieza, cuidados, hostelería).
- Apoyo psicosocial y redes comunitarias para reducir aislamiento.
- Formalización del empleo para garantizar derechos preventivos.
- Mediación intercultural en la comunicación de riesgos.
- EPIs y medidas ergonómicas adaptadas a características femeninas.
Fuentes:
¹ Estudio del perfil sociodemográfico y de siniestralidad de la población ocupada migrante. Período: 2019-2023. Fecha de actualización: 2024. INSST. Ministerio de Trabajo y Economía Social.
² INFOCOP. Consejo General de la Psicología de España.






